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Combatir la ANSIEDAD.

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Combatir la ANSIEDAD.

Muchas personas hemos sufrido ansiedad en algún momento de nuestra vida. Algunas hemos tenido que aprender a mantenerla a raya para no acabar enfermando, otros han cambiado sus circunstancias para sentirse mejor. Cada caso es un mundo. Sin embargo, algo que ayuda en general es entender de qué se trata esta historia para empezar a tener poder sobre ella.

La ansiedad es un mecanismo psicológico que produce síntomas diversos. Si sientes una preocupación excesiva, inquietud, impaciencia, irritabilidad, dificultad para concentrarte puede deberse a un estado ansioso. Por otra parte, este estado puede pro

vocar síntomas físicos tales como tensión muscular, alteraciones del sueño y el apetito, cansancio, ganas frecuentes de ir al baño, dificultad para respirar o alteraciones del ritmo cardíaco, entre otros.

Un elemento fundamental de la ansiedad son los pensamientos ansiosos, aquellos pensamientos negativos que nos empujan a un estado de nerviosismo y alerta sin darnos cuenta. Controlar estos pensamientos es una de las maneras para reducir la ansiedad y, por lo tanto, sus síntomas. Esos pensamientos forman parte de un círculo vicioso: cuando más ansiosos estamos, más pensamos y más alerta nos ponemos.

Para entender a qué me refiero imagina una gacela que vive tranquilamente en la sabana. Su vida es monótona y sosegada la mayor parte del tiempo, hasta que aparece una leona con intención de cazar. Nuestra gacela, al ver a la leona, se pondrá en alerta para evitar que la alcance: sus músculos se pondrán en tensión, respirará más rápido, su corazón se acelerará, etc. Gracias a ese estado de alerta la gacela será capaz de huir lo bastante rápido. Cuando la leona haya desaparecido de la vista la gacela volverá a su estado anterior de tranquilidad y sosiego. No está ansiosa, siente miedo o estrés para poder huir.

Imagina ahora que una persona se encuentra en la misma situación. La reacción inicial al ver a la leona será muy parecida a la de la gacela. Si por suerte consiguiera escapar del depredador, ¿Crees que volvería a estar tranquila y sosegada? ¿O se dedicaría a recordar el episodio? Pensaría lo grandes que eran los colmillos, lo que le hubiera pasado si no hubiera escapado, lo afiladas que eran las garras de la leona… En este caso la persona no sólo ha tenido miedo, sino que tiene ansiedad. Se dedica a crear pensamientos que alimentan su estado de alerta, evitando que se relaje tras la desaparición del peligro.

El miedo de la gacela es una reacción natural que la ayuda a sobrevivir. La ansiedad de las personas, además de no ser útil para sobrevivir, puede llegar a convertirse en una patología que nos haga sufrir.

Merece la pena no recrearnos en recordar a las leonas que nos vamos encontrando por el camino.

Isa Gutiérrez Gálvez

 

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